EL AEROPUERTO JUMANDY: UNA PUERTA AÉREA QUE NAPO NO LOGRA RECUPERAR
- revistaelparaiso
- 6 jun
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El aeropuerto Jumandy, ubicado en la parroquia Ahuano, provincia de Napo, fue inaugurado oficialmente en 2011 como una de las obras de infraestructura más ambiciosas impulsadas para la Amazonía ecuatoriana. Construido con una inversión superior a los 40 millones de dólares, cuenta con una pista de aproximadamente 2.600 metros y modernas instalaciones levantadas en medio de la selva amazónica.
En junio de 2012 comenzaron oficialmente las operaciones comerciales de TAME entre Quito y Tena, con tres frecuencias semanales. En aquel momento, autoridades, empresarios turísticos y comerciantes veían al aeropuerto como una puerta al desarrollo económico, turístico y comercial de la provincia.
El proyecto prometía fortalecer el turismo, dinamizar la economía local y mejorar la conectividad aérea de Napo con el resto del país. Sin embargo, el entusiasmo duró poco.
Con el paso de los años, la operación aérea comenzó a debilitarse debido a la baja demanda de pasajeros, los costos operativos y la facilidad del acceso terrestre desde Quito hacia Tena. Para 2016, TAME suspendió definitivamente los vuelos comerciales hacia Jumandy, dejando al aeropuerto sin operaciones regulares.
Desde entonces, el aeropuerto permanece prácticamente inactivo. Aunque existen registros de operaciones menores y vuelos ocasionales, la terminal dejó de cumplir el propósito para el cual fue construida: conectar comercialmente a Napo con el país y el extranjero.
Lo más llamativo es que, según diversos reportes y testimonios locales, la infraestructura aún se mantiene en condiciones relativamente buenas. La pista continúa operativa y gran parte de la terminal permanece intacta, pese a los años de escaso uso.
Sin embargo, actualmente no existe un proyecto concreto ni un cronograma oficial que permita pensar en la reactivación de vuelos comerciales. La Dirección General de Aviación Civil (DGAC), entidad responsable de administrar y operar los aeropuertos públicos del país, mantiene trabajos básicos de conservación y mantenimiento, pero no se han anunciado acuerdos con aerolíneas ni inversiones destinadas a devolverle operatividad comercial a la terminal aérea.
Mientras tanto, Napo continúa enfrentando constantes problemas de conectividad terrestre. Los cierres de la vía Baeza–Papallacta, los derrumbes y las emergencias invernales vuelven a poner sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿cómo es posible que una provincia amazónica con una terminal aérea moderna permanezca desconectada por vía aérea?
Hoy el aeropuerto Jumandy representa mucho más que una obra sin uso. Para muchos habitantes de Napo, se ha convertido en el símbolo de una oportunidad perdida y de una infraestructura que sigue esperando decisiones que nunca terminan de aterrizar.


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